Canciones para el amigo Warhol

Que maravilloso que es cuando uno se vuelve un niño gracias a la música y cual teletubbie al grito entusiasta de : “Ota Vez” , uno vuelve a poner play aunque el disco recién haya terminado. Esa necesidad imperiosa por volver a escuchar cada tema es uno de los infinitos momentos mágicos que nos brinda la música.  Por eso pensé en traerles un disco que, aunque el tiempo pase y lo olvide, cada vez que lo encuentro entre mi música nunca es para reproducirlo una sola vez. Siempre termina atrapándome y puedo pasar días poniéndole play una y otra vez, para que me vuelva a contar la historia que prentendo olvidar cada vez que el disco termina aunque la tenga grabada en mi memoria. Con ustedes, Songs For Drella de John Cale y Lou Reed.

La muerte de un ser vivo viene acompañada del miedo al olvido, por eso la gente que comparte la pérdida suele reunirse para hablar del que no está, para inmortalizarlo. Algunos se juntan a tomar mate y mirar fotos; otros, se ahogan en whisky y anécdotas. Pero cuando John Cale y Lou Reed se encuentran después de 19 años para recordar a Andy Warhol nace una joya discográfica. “Songs For Drella” es un viaje de 15 canciones por la vida del artista pop donde se combinan lo mejor de los dos talentos: la sofisticación y elegancia de John Cale y la desfachatez, la poesía y la distorsión de Lou Reed.

En “Smalltown” nos cuenta los orígenes de Warhol a través de un piano hipnótico y del canto hablado de Reed. “Open House” y “Style it Takes”, relata los comienzos de la fábrica creando una atmósfera que da a la vez la sensación de comienzo, como los últimos soles del invierno.

Todas las canciones son retazos de vida: sus miedos, deseos, decepciones y ahora la ausencia, el espacio vacío. En cada tema se percibe el complemento de dos músicos que logran entablar un diálogo hablando idiomas distintos: la dulzura del piano y la mugre de la distorsión; la calidez y el abrazo en la voz de John Cale y  el  multifacético timbre de Reed que va del susurro hablado hasta el grito primario; las melodías de Cale llenas de huellas de música clásica y conocimiento de conservatorio y las de Lou cargadas del punk más viceral y sofisticado; las palabras intelectuales y poéticas de John y las de los antros de Brooklyn vomitadas por Lou

Con esta maravillosa charla entre dos viejos amigos bajaron a Andy Warhol de la estrella plateada  donde cuelga y lo sentaron en primera fila porque como dijeron los ex-Velvet Underground esa noche: “No hay estrellas en el cielo de Nueva York, están todas en las calles”.




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